El arranque de la década de los setenta trajo consigo el nacimiento del “glam”, una sorprendente e inimitable variante del rock que se materializó en tres elementos esenciales: la vestimenta, el uso del maquillaje para favorecer la androginia (al menos en sus inicios) y la teatralidad. También fue considerado un movimiento social, ya que incorporó en el discurso de la industria temáticas relacionadas con la ambigüedad sexual y los géneros fluidos. Esta es la historia de una época que, aunque efímera, permitió a los artistas crear propuestas muy singulares. La gran mayoría lo hicieron con absoluta libertad creativa, a través de personajes y estilismos únicos, aunque también fueron cuestionados por quienes querían mantener el virtuosismo y la formalidad técnica característica de la psicodelia y la contracultura. • New York Dolls: laca, “eyeliner” y mucho “rock’n’roll”. • Lady Gaga, la criatura del “shock pop”. • Mötley Crüe: el exceso por defecto. • La escandalosa e irreverente Jayne County. • Brakaman, vena y espíritu “art rock”. • Jobriath, el chico que ni pudo ni quiso ser estrella